Narrado por Bruno
Esa mañana Phil y yo habíamos estado hablando de la mujer perfecta y bromeando sobre el tema. Un mes antes había dejado a mi novia y hablábamos sobre si algún día encontraríamos a alguna perfecta de verdad y justo esa tarde, la encontré. Estábamos en la playa y la vi. Phil se había fijado en su amiga y el accidente con la tabla de surf nos puso fácil lo de entablar conversación con ellas.
Ella era más o menos de mi estatura, tenía una melena rizada y unas curvas de muerte. Sus ojos eran marrones, casi negros. Era ella la mujer perfecta.
-Hola, mi nombre es Bruno- le dije y le estreché la mano, pero no contestó, estaba mirándome de una forma muy rara, parecía..¿sorprendida, quizás? Yo tampoco podía dejar de mirarla- ¿Hola? - dije de nuevo, esta vez si respondió.
-Ann: Ho..hola, soy Ann.- me respondió. Su voz era preciosa, parecía un ángel.
-Encantado de conocerte, si me permites decírtelo, tienes unos ojos preciosos.
Se sonrojó al momento, me encantaba.
Después de presentarnos, recogimos todas las cosas para irnos a un bar. Phil seguía hablando con su amiga, para él también había sido un flechazo.
En el coche, él y yo comentamos lo mucho que nos habían gustado las chicas.
-Has visto lo guapa que es? Y su nombre me encanta. Haríamos buena pareja.
-Phil: Deja de soñar despierto, Bruno, es mucha mujer- me dijo Phil bromeando, pero yo en el fondo sabía que ella no se fijaría en un chico como yo. Seguro que le había asustado el que yo fuera mayor.
-Bueno, y la tuya qué? Es guapa, pero no es tu tipo para nada..
-Phil: Que no? Es PERFECTA para mi, pequeño Bruno. Espero que me de su número.
-Yo también espero que Ann me de el suyo.
Las llevamos a un bar al que Phil y yo solíamos ir cuando ligábamos, pero esta vez era diferente, no llevábamos a las típicas tontas que sólo sirven para una noche, él y yo sabíamos que ellas no eran igual al resto. Nosotros pedimos unas cervezas, pero ellas no pidieron nada con alcohol, cosa que me sorprendió.
Nos contaron de dónde eran y cómo se conocieron. Yo no podía parar de mirarla, su sonrisa era como un imán. Nosotros también les contamos cosas sobre nosotros, pero la verdad es que no presté mucha atención a la conversación, estaba concentrado en mirarla. Ella se daba cuenta de que yo la veía y se sonrojaba. Me estaba volviendo loco, esperaba que luego me diese su número, quería volver a verla, y quizás, besarla. Si me dejaba besarla, quizás luego me dejaría hacer más cosas.
Al cabo de un rato, nos dijeron que se tenían que ir, así que acordamos quedar para otro día. Antes de que se fueran, Ann y yo intercambiamos números, yo estaba muy contento.
Por la noche, cuando llegué a casa sólo pude pensar en ella.
Esa noche soñé con esa maravillosa sonrisa.
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